lunes, 5 de enero de 2009

El lugar del Escritor como actor social y cultural- Territorios y discursos

Este trabajo sería - de un modo hipotético- una especie de cierre conceptual acerca de una serie de ensayos que vine elaborando sobre el tema.
Iba a ser presentado bajo este formato en Esquel literario 2009, pero las especificaciones del formato ponencia me obliga a reducirlo a la mitad, por lo menos. De todos modos quería que los lectores de mi blog lo leyeran coampleto, tal y como fue parido -imperfectamente seguro- por su autora.
La idea de "dar un cierre" al tema, no deja de ser una ficción muy ingenua de mi parte. Cualquier conclusión será provisional, inestable, en fin, siempre inconclusa y haciéndose...abierta a capitulaciones, retrocesos, cambios de direccion, etc.


TERRITORIOS Y DISCURSOS

“Las marcas territorializantes se desarrollan en motivos y contrapuntos y, al mismo tiempo, reorganizan las funciones, reagrupan las fuerzas.”1

A partir de una serie de pequeños ensayos acerca del rol del escritor como actor social y cultural, intenté acercarme a la idea de una praxis politica que ejercitaría el escritor, y que esa praxis se haría evidente en su obra.
Si pensamos en la escritura como generadora de algún tipo de materialidad,y pensamos en los usos del lenguaje en la sociedad moderna veremos que, el texto periodístico,por ejemplo, busca “informar” desde una pretendida objetividad, la tiene como horizonte de expectativa, al menos como petición de principios. Es entonces que, al plasmar la realidad circundante, esta realidad debe, en principio dijimos, estar lo menos mediada posible por la subjetividad. Otro es el objetivo de la literatura.
Cuando el poeta se refiera a la realidad percibida y plasmada por él en la literatura, el sujeto está absolutamente presente, aunque se use el registro impersonal, no sólo está presente el sujeto enunciando sino que además, al estar creando algún tipo de materialidad, inserta esa materialidad en los discursos e ideas que se crearán alrededor de la materialidad.
Dado que es imposible rastrear todas las ideológias que circulan en la literatura, y en el caso de este trabajo, básicamente en la poesía, he elegido para analizar algunos casos en que esta ideología marca como asume el rol cada actor, un rol social, cultural y político en última instancia.
Cuando el periodista se refiere, por ejemplo, al vacío del paisaje, observando un fragmento de campo en la meseta, es probable que la politización de ese hecho suceda de manera interna, que se haga una serie de preguntas, que haga algún tipo de aseveración, o que tenga una posición tomada acerca del hecho objetivo que está observando y presentando a los destinatarios de su mensaje. Esa subjetividad el periodista se la guardará para sí, sólo exhibirá y cada uno repondrá esos blancos del discurso, si tiene voluntad.
El poeta, en cambio, viendo el mismo paisaje, supuestamente vacío, lo completará metonímicamente, lo extenderá a esa luz que se ve campo adentro en la noche, verá las razones de su vacío, o lo que él cree son esas razones, habitará ese paisaje subjetivamente y dará entonces una lectura, poética, posible, una más entre muchas visiones. Como el poeta puede prescindir de la objetividad, eso que plasmará en su obra será una realidad también, pero no necesariamente objetiva. Si es que la objetividad absoluta, al igual que la verdad absoluta, existan.
Más allá de que se sostenga que la poesía no le interesa a nadie, que el discurso poético no se refiere a la realidad, que los poetas parecen habitar otro mundo y una serie de aseveraciones que provienen de la idea de mercado, más que de la realidad, podemos asegurar que la poesía, que existe desde que existe el hombre, está referida a la realidad, porque está referida al hombre. Ambos están co-referidos o implicados. Desde una perspectiva hermeneútica, el hombre y sus signos (tomando al lenguaje como uno más de los sistemas de signos) son inseparables.
El paisaje es, para los poetas patagónicos en general, y para cierto grupo o generación de poetas en particular, un elemento “marcado”, por eso, privilegiado, desde donde efectuar cierto tipo de crítica y modo, a su vez, de marcar diferencia, implantar posicionamientos. El paisaje entonces puede pensarse como una consigna. La posición que cada uno defina dentro de ese tópico dirá dónde está parado cada uno, si enfrentado o alineado y con respecto de qué.
Coincidimos con algunos poetas del sur de Chile, contemporáneos, herederos de los “poetas láricos” acerca de que existía ( y aún persiste) una lírica que celebra la gesta del pionero, que idealiza el paisaje (más que nada el vacío) y cuyos representantes suelen pertenecer a determinada clase social: la burguesía2. Aquellos poetas del paisaje llamémoslé, glorioso, son aquellos, hijos, nietos de inmigrantes blancos, de clase media empobrecida europea, que hizo en Patagonia buenos negocios con la oligarquía terrateniente, generalmente empleados por ellos. En ese sentido basta con analizar los autores que publicó durante cierto tiempo la revista “Argentina Austral” publicada por la Compañía Anónima Importadora y Exportadora de la Patagonia, perteneciente a la familia Menéndez Behety. 3
Estos escritores, de manera conciente o no, respondían a una lógica de clase, sosteniendo en su lírica ciertos presupuestos, uno de los tópicos preferidos de estos poetas es el viento, tópico que todavía se utiliza como marca semántica de la Patagonia. Estos autores suelen referirse a los indios, se apropian de su voz, y lo hacen curiosamente cuando consideran que el indio dejó de ser un problema para ellos. baste recordar las matanzas de indios en el sur por estancieros, argumentando que éstos carneaban su ganado, que eran borrachos y vagos, ladrones, etc, no voy a extenderme demasiado sobre el tema ya que todos sabemos lo suficiente sobre el asunto como para tomar postura respecto.
Otro es el trabajo que hacen con el paisaje los autores más recientes, digamos, aquellos cuyos libros comienzan a ser editados, o sus poemas leídos en la década del ochenta.
Estos poetas centran su mirada preferentemente en las márgenes de las ciudades, que ya comienzan a tener sus cordones industriales, sus barrios suburbanos. Caminan por los márgenes de la ciudad patagónica en crisis, viendo ese paisaje que el turista prefiere no ver, que el político elige ignorar. Neuquén, Comodoro, Trelew, Ushuaia, Puerto Madryn, Viedma, con sus parques industriales abandonados, galpones vacíos, frutos de la destrucción de sus economías. Para el poeta ese es el paisaje de su gente, ya no el campo y la oveja, los pastores idílicos de los Menendez Behety, el país de las grandes estancias no es un lugar donde este poeta acceda. Muchos de ellos descienden de los neoinmigrantes que vinieron a la Patagonia con el auge de los “parques industriales” y demás estafas a la buena fe obrera.
Cuando estos autores escriben acerca de “lo rural”, lo hacen para hablar de aquello que la otra lírica dejaba afuera. El “paisano” ya no está estereotipado, ni desde el habla ni desde la figura, antes era presentado con rasgos de ingenuidad y simpleza, pero como una caricatura, para oponerlo al “civilizado” poseedor de capital (simbólico y del otro también), quien ejercía con “propiedad” su derecho de simbolizar al peón y el paisaje, los dos co-referidos porque eran, uno y otro, inseparables. Ante la separación consumada por las condiciones económicas (abandono del campo ante la caída de los precios internacionales de la lana, por ejemplo) ese peón, ahora desocupado, “pierde” su carga de inocencia, y pasa a residir en los nada idílicos paisajes de los cordones industriales suburbanos.

“No estoy loco,
pero tengo miedo de esos rostros
configurados por la luz.
Mi abuelo vino del campo
murió borracho, fumando pipa, recordando.
No estoy loco.
No se si me he ido
o todos me han abandonado.
Estoy al pie del océano
mirando la estrella olvidada.
No estoy loco

soy el vengador de la tristeza”4


Cuando se refieren al paisaje aparecen también los “restos”, lo que quedó de aquellos planes de “progreso” lo que quedó de los sueños utópicos, estaciones de tren abandonadas, ya sin techos, con vías oxidadas como las podemos ver aún en el camino a Puerto Deseado, por nombrar algunas como la hace por ejemplo, Cristian Aliaga en “Musica desconocida para viajes”:
Un libro que recorre diversas geografías, muchas Patagónicas, la patria por adopción del poeta nacido en el sur de la provincia de Buenos Aires. Tal libro tiene la particularidad de que cada poema, o prosa poética, en rigor de verdad, tiene una nota al pie que refiere al lugar donde se escribió tal texto.
O también lo que quedó de la época dorada del petroleo, restos geográficos y de gente también, como en el poema “I love you Luisa” de Jorge Spíndola, dedicado a una prostituta envejecida...
La “Estación/Tierra/ Nada” de Andrés Cursaro, y antes en “Jirones (de un desierto que oscurece)” el paisaje de la Patagonia atraviesa semánticamente la poética de estos autores.

“Una ginebra en Holdich,
en alpargatas y silencio.
Hoy bebo tu agua y descargo el mundo
en estas vías que conducen al salitre.
Sueño un tiempo de nieve y
arrastro la sangre sobre el polvo blanco
con este negro corazón”5


La poesía patagónica elige como objetos de poesía a los pueblos semiabandonados a los costados de las rutas, o ya inexistentes, sea porque la ruta ya no pasa, o porque fueron declarados económicamente no viables, viejos campamentos de petroleo, surgidos de la mañana a la noche y de la mañana a la noche, abandonados.
Dentro de la autorreferencialidad de la poesía moderna, habría que pensar hasta qué punto ese paisaje devastado, abandonado cuando dejo de ser económicamente factible, no se convierte en una metáfora involuntaria del lugar (o no-lugar) del poeta y de la poesía. Y he aquí entonces una nueva reversión, otra vuelta de tuerca para analizar si el poeta, como actor social y cultural, inserta desde el margen del margen, su discurso y lo pone a dialogar con otros discursos sociales.
Hoy por hoy nos sorprenden textos como los de Laureano Huayquilaf en “Ciudad Cigarro”, donde su “Trelew” natal se muestra como ciudad anti – utopica, o Gustavo De Vera recorriendo la ciudad y la Patagonia como un “Ultimo Paisaje”
Nelly González, por ejemplo, toma la laguna que se ubica sobre la avenida San Martín, exactamente detras de la pista de atletismo, de Puerto Madryn, y allí ancla su poética. Esa laguna, a la que se intentó tapar, rellenar, para construir sobre ella, se convierte, en manos del poeta en una métáfora, un símbolo de todo lo que se quiere tapar, todo lo que no se quiere ver:

de tierra y sal
son los zapatos
de los que atraviesan
la pista
donde corren teros y búhos
corren
---------un reloj sin manillas

las casitas de enfrente
prenden sus luces
para poder verse

la luna sale
en laguna olvido

de sus aguas mansas
iluminando a los perros
que vienen
a pelear por el amor
de una perra alzada.6


En la obra “Inferno” de la poeta neuquina Macky Corbalán encontramos una trilogía, llamada “La plaza de Roca” (verbigracia General Roca, localidad de Río Negro, lindante en pocos kilómetros de Neuquén Capital)

I
La hamaca demora en detenerse
lo que la luz en pasar a la penumbra.
Del niño quedan unas huellas,
marcadas en el terreno de junto;
un silbo mecánico.
II
Oscurecido por el follaje,
talla, con esfuerzo,
en la madera humedecida,
un nombre hace ya mucho
borrado de su cuerpo.
III
Encendida y sola
la luz de la esquina,
se torna apenada
alegoría para el alma.7


No es casual que las poetas mujeres utilicen poéticamente un territorio más acotados, más domésticos, ya que esa es una de las marcas de la poésia femenina, el espacio cotidiano es el preferido por ellas como espacio crítico al que politizan.
Como el paisaje cotidiano y doméstico que plasma Verónica Merli de su Bariloche, tomado por turistas extranjeros, se convierte en una metáfora muy potente de los gringos comprándose los campos en “sick of the gringo´s”8

“(...)algunos argentinos tienen la tendencia
de admirar lo ajeno
yo en cambio
prefiero a mi albañil
que no pone un mosaico a escuadra
o al viejo que se infartó
por comer chicharrón y nunca colocó el radiador
los gringos vienen y nosotros les abrimos
los gringos violan y nosotras, nos abrimos
los gringos roban y nosotros los dejamos
los gringos lo tienen todo pero quieren más
los gringos no son amables
pero nosotros, somos amables con ellos
formas de dominar.”


En las poetas mujeres, podemos ver, es su barrio también, poetizable, la laguna de Nelly Gonzalez, los turistas, como una ajenidad también, lo mismo para Merli, el turista, para el patagónico es una “clase” o “tipo” social. Pero veremos que la estética del barrio, de los personajes suburbanos de los que habla la historia mínima de la Patagonia, aparece en más autores.
El siguiente poema es una mirada mediada por el arte que efectúa Laureano Huayquilaf sobre su ciudad natal, Trelew, en su libro “Ciudad Cigarro”:

Vueltas muchas tiene
y la piel naranja
trelew mío.

La vertiente del asfalto
tira un lagrimón de codicia
sus brazos
envuelven despacio
todo el frito sabor.

Los pasos de la noche
resisten madrugones
y el todo de tu cuerpo
protesta y encandila.

La vuelta de sus calles
arrastra como vos.

Callecitas de mis rezos
tierra en pichana traías.

Aguatero de tus brotes
festichola humedecida.

Ay ciudad te conviertes
cáscara oscura
cabarute.

Rojizos manantiales tengo
cuando tus amarras
suelto.9


Una mirada distópica, pero desde la ternura, la que efectúa Laureano Huayquilaf.
En un libro llamado “Tetralogía” que reúne a cuatro autores trelewenses: Arancibia, Rivero, Robles y Rojas, se denomina “antología poética barrial”, en sus páginas leemos mucho del testimonio poético del trelew suburbano, habitado por obreros desocupados, peones de campo convertidos en albañiles, y los nuevos inmigrantes. Elegí para este trabajo un poema de Celso Arancibia, llamado “Papá no es un ídolo”10:

“Papá no es un ídolo
papá es un peón de campo desocupado
floreciendo campos
entre espejos de cemento
un día fue dios
y creo amor
hijos
y poesías con una pala
pero un crítico le dijo
Usted no merece ser un artista
usted es un obrero
y esta despedido
papá lloró la sangre
de sus manos
Y dejó de ser dios
y ya no creo más amor, hijos ni poesía con una pala
papá un día se cansó de estar desocupado
y montó su caballo
con alas de águila
y como un gran Atila marcho a conquistar nuevas geografías.”


Casi se podría decir que en estos casos el paisaje se hace carne en el poeta, y nunca mejor explicitado que en el caso del poeta fueguino, Julio José Leite, en su libro “Aceite Humano” esto es lo que dice en su poema liminar:

“(..) Esto no es un libro, es un cadáver desprendiendo su óleo curativo, perruna lengua de letras, verbo ensalivado, lípidos de tinta que hoy les lluevo, ACEITE HUMANO, pero cuidado, para conseguir este ungüento hay que ejercer cierta alquimia sagrada y ser herida más que hombre, valle más que roca, viento ser revolucionando a llantos y a risas lo yermo que nos dejan las ovejas y sus dueños.”11

Un texto que para mí marca toda una postura poética en el poeta Cristian Aliaga es “Polvo Mojado”12:

“Unas tras otra, las playas abandonadas por aquello que la civilización llama turismo contienen lo elemental para vivir o morir de hambre. Variadas maneras de enfrentar lo inevitable, la soledad, bajo las mareas que sacuden la seguridas, el confort que no existe sobre la arena pelada, polvo mojado que treaerá desazón para los débiles, orgullo para quienes sean capaces de oler el poniente sin más fe que su propia cáscara. Lejos del trópico, las manos del agua imponen respeto y furor por la luna nueva, los roqueríos donde anida el pájaro que alcanzará a vernos morir, la inevitable sonoridad del grillo que anuncia gracia y sobrevivirá a la tempestad. No vendrán ladrones hasta aquí, serán devorados por la desesperación, pero estamos nosotros, ladrones de fuego escaldados por el incendio de las ciudades. Seremos robados por nuestra propia pasión.
(Playa Magagna, en casa del poeta Ankudovich)”


Entonces es un poco más, siempre un poco más, en Leite más que el cuerpo, en Aliaga más que el paisaje, un motivo de orgullo, respeto, furor, el paisaje es más que un lugar donde vivir, más significativo que eso, es un lugar donde morir.
Hay una relación complicada y difícil siempre entre el patagónico y el espacio, una situación de extrañamiento, sea porque muchos son oriundos de otros lados, sea porque en su propia tierra son extranjeros, o sea porque no se sienten del todo argentinos: extrangertinos, dice Marcelo Eckhardt en algún lugar, pero hay una des-pertenencia que construye por eso una relación distópica, sin ningún tipo de idealización, el lenguaje sirve entonces para que el poeta ilumine esa relación con su espacio cotidiano, y lo convierta en espacio critico, para poder comprenderlo desde esa ambivalencia, no catártica, no para cicatrizar esa herida abierta entre el yo lírico y el yo empírico, pero sí para construir un puente que comunique a ambas y les permita convivir. Para echar algo de luz sobre el tema les ofrezco este poema del chileno Mansilla Torres

No sé si tenemos talento

"Escribir es lo más apartado del éxito mundano"
(Tu Fu)

No sé si tenemos talento. Ningún crítico
nos consideraría, en vida, los poetas principales
de nuestra época. Menos ahora, cuando la poesía
ha sido tasada a precio ridículo
por los ingenieros del mercado.
Nuestro hogar es humilde y nuestra fama, si la tenemos,
es trivial. ¿A quién le importamos?
A nadie que no sea también de los nuestros.
Somos nuestro propio público. Y los árboles del bosque
y los guijarros del camino nos miran indiferentes
mientras envejecemos a pasos agigantados
delante de los espejos rotos.

No sé si tenemos méritos literarios
y no sé si nuestros poemas pervivirán
junto con los de los grandes poetas muertos.
Sólo sé que sangran las estrellas cuando nadie las mira,
y el rocío reclama en silencio contra la escarcha
porque él también quiere ser nube de primavera.

Al menos tenemos motivos para ser fieles
a la luz y a la oscuridad
que hemos amado desde antes de nacer,
porque nos gusta soñar con caminos
que no conducen a parte alguna.

Somos, pues, como gaviotas que sólo atinan
a volar a ciegas entre el cielo y la tierra.


En esa inutilidad de un arte bastardeado entonces, el poeta, paria, desterrado, escribe sin embargo, conciente, muy conciente de un oficio que no le importa a nadie. Así señala Gerardo Burton en la poética de Aldo Novelli, en el prólogo del libro “la noche del hastío”:

“ Aldo Luis Novelli no cuenta, sólo retrata: toma instantáneas de una ciudad sesgada por la producción petrolera, cuyos detritos aparecen constitutivos del paisaje esencial. En ése ámbito, el poeta es un boxeador que golpea con adjetivos en lugar de puños el aire que lo rodea, su sombra y los fantasmas. Y lo único que, además de la basura ciudadana y las referencias domésticas está en el habitat poético, es la noche, inmensa y vacía, interrogante y sugerente”13

Otro libro de Novelli, “Desierto”, vuelve a rondar alrededor del tópico del paisaje, del paisaje patagónico que no es, obviamente, el de postal turística.
Así entonces el poeta va marcando territorios en esta Patagonia decadente, vaciada, cooptada por los poderes económicos, coto de caza de la extranjería, donde Buenos Aires, Santiago de Chile, son parte de ese proyecto de saqueo.
Que conviven en nuestro espacio poetas que establecen una relación con el espacio distinta, más catártica, reconciliados con el paisaje, con el viento, es cierto. Poetas urbanos que cantan loas a lo rural, que idealizan, responden también a un proyecto político, aunque no explícito no obstante, subyace a esa poética, catártica o terapeútica en el mejor sentido aristotélico. Podemos oponerlas y veremos sin duda cuán interrelacionadas están estética y política. Porque hay una opción en el poeta acerca de con qué ojos prefiere mirar el mundo que lo rodea, su mundo.
Ahora hablemos un poco de una novela, y de las reflexiones de su autor acerca de la realidad, representada y representable, ahora entonces un fragmento, muy significativo de “Trelew” de Marcelo Eckhardt:

“Ya en la situación literaria de nuestra zona, no tanto en una discusión sin territorio, sino, precisa mente, en juego con las narraciones y poéticas reales, viables e imposibles, ¿quiénes y cómo determinan los buenos gustos literarios? ¿Qué es buena y mala literatura? ¿Cómo se realiza una buena antología literaria? ¿Desde dónde seleccionar? Preguntas cuyas respuestas exceden el marco de esta nota introductoria pero que sirven, una vez más, para reflexionar sobre la literatura zonal. No digo regional porque creo que, debido a las características propias de la provincia, no sólo se trata de practicar un género determinado (el relato o el poema regionalista) para adscribir y suscribir determinada tradición o ser aceptado en sus cánones, sino de las bases culturales desde donde se produce un cuento, una novela o un poema. Ejemplos falaces:
Son escritores patagónicos todos aquellos que viven y escriben en el sur.
Son escritores patagónicos todos aquellos que escriben sobre temas plena mente sureños.
Son escritores patagónicos todos aquellos que se piensan como tales.
La lista podría seguir, sin validez. Entonces, ¿Cómo definir a los escritores patagónicos? ¿Por antigüedad en la zona? ¿Por fidelidad al contexto socio-cultural? Y si así fuera, ¿cuál es el ambiente neta mente patagónico? Como se ve, la cuestión se complica cada vez más. Quizás, para comenzar, podría definirse la pertenencia a la cultura patagónica no por la tosca identidad sino por la sutil diferencia. Por diferencia cultural. ¿No será éste uno de los ejes culturales definitorios? Veamos: indios, galeses, italianos, españoles, árabes, chilenos, norteños, litoraleños, cuyanos, porteños, bonaerenses, santacruceños, rionegrinos, neuquinos, etc. (los formadores de la Patagonia actual son muchos y muy variados). Cada emigrado, emigrada, cada zona trajo su cultura, su voz, su narración, su recuerdo. Y, aún así, compuso su poema, imbricó su novela, realizó su obra teatral, concluyó su relato, según viejos o nuevos parámetros de cómo hacer literatura: clásicos, vanguardistas, románticos, realistas (porque hay textos denominados patagónicos que podrían haber sido escritos en otra época, otra zona, otro país). De hecho, se debe establecer qué es lo que hace a un texto literario, patagónico. Es un atributo, una nueva ficción, otra textualidad en y sobre el texto literario. Lo patagónico es otra textualidad correspondiente al imaginario cultural dominante de la zona.
Podría pensarse, sin embargo, el texto patagónico como aquel que sólo pudo haber sido escrito en la zona denominada Patagonia. Los textos de Darwin o Chatwin, por ejemplo, ¿son patagónicos? ¿O corresponden al género literato de los viajes ex-céntricos? Quizás, la Patagonia de antaño fue más, cómo decirlo, universal y, por lo tanto, la literatura encontró en estas vastedades luminosas una zona de libre y de compleja producción (consultar, sino, los dos tomos de Bibliografía Patagónica, en la Vignati, de Nicolás y Olga Matijevic). En otros términos, y en vía hipotética, la literatura no podía ser definida según las narraciones establecidas en esta zona o en relación con determinados momentos socio-culturales. No había muchos límites mentales o intereses intelectuales.
La literatura, además, como si fuera poco, tiende a deslimitarse. Se escribe en contra de los límites y, obvia mente, la literatura zonal pretende, también, universalidad. La lingüística, en este caso, arroja luz al tema: según los estudios realizados por Ana Virkel, se debería pensar una literatura patagónica según indicios, detalles y variaciones y no en términos absolutos o globales (esa manía de definir la literatura en tanto totalidad): textos que, según determinadas características a profundizar, podrían haber sido escritos sólo en la zona. De esta manera, aquellos textos considerados extranjeros, foráneos, extraños o extravagantes, serían patagónicos.
Ahora escritor, luego de tanto andar y estar siempre en el mismo lugar, recuerda cuando era joven y le confesaba a su antiguo amigo que el primer libro que escribiría sería sobre Trelew. Se es de Trelew cuando hay mucha distancia en uno, en una, cuando hay historia y una boca cansada de producir palabras para la riqueza de los vientos. El viento suena, esta perlada noche de julio, en sus laberintos de hielo. Por las bardas, en sus dulces pozos del pasado, deben andar esas voces de aquellos dos casi niños que conversaban sus futuros. El escritor escribe su libro sobre Trelew y su amigo tomó la ruta tres, al norte, y no regresó.
Hay lapsos donde el caminante parece haberse quedado sólo en la estepa de portland. Ramalazos donde no hay nadie en las calles. De pronto, aparece un somnoliento auto o un lobo disfrazado de perro perdido, un autómata ciclista y, nueva mente, ese instante donde el veedor se encuentra absoluta mente solo en una ciudad que se convierte, por segundos, en un mundo desvastado y desolador. Los camiones proveedores estacionan frente a los portones del supermercado, se prenden algunas luces de ventanas acostumbradas a madrugar y los pensamientos fantásticos desaparecen y dejan lugar, su lugar, a los de la real línea diaria.

(Trelew, una novela)

Me gusta mucho esta novela, porque a veces es difícil explicar con palabras en qué punto los autores (patagónicos) estamos parados. Para la visión de algunos escritores del canon bonaerense (visto en rigor el auténticamente argentino) los patagónicos estamos en una posicion ingenua, obviamente desconocen nuestros debates internos, verdaderas guerras por nuestro propio canon o la imposición de él, y también verdaderas guerras por el sentido. Sucede entonces que cuando planteamos, dentro de ese contexto, que debemos construir un aparato crítico propio, se arma el problema. Pero la realidad es que más allá del boom o no boom de la literatura de viajeros y de cuál es la literatura patagónica como bien plantea Eckhardt en la anterior cita, está en construcción ya una autonomía de campo que reclama un artefacto crítico.
Siguiendo teóricamente a Benjamin en este punto, podemos preguntarnos cuál es la posición que el autor mantiene respecto a las relaciones sociales de producción de la época. ¿Está de acuerdo con ellas? ¿Está reconciliado con ellas o está enfrentado?, y pensando en una síntesis superadora ¿Cuál es su posición dentro de las relaciones de producción de la época?. Tiene muchas aristas esta pregunta, y todas complejas, porque cuando pensamos en producción y relaciones de producción en el caso de un actor cultural, debemos, en primera instancia, establecer qué es lo que produce, y cómo. Los bienes culturales, si bien son materiales (en el sentido que producen materialidad) son simbólicos. Esta materialidad simbólica es compleja de medir y de evaluar, sobre todo si la pensamos fuera del concepto de “mercancía” .
La producción de bienes simbólicos se pretende “crítica” del concepto de mercancía, en tanto y en cuanto debe poner en crisis la naturalización (reificación) de que todo puede valuarse en dinero, o sea comprarse o venderse. Desde ese punto de vista, el hecho de ser “no mercancía”, en un sentido teleológico, sin finalidad económica, puede ser crítico de la realidad, pero a la vez cae en la trampa mortal de la descalificación absoluta del sentido , en una sociedad capitalista donde el poeta perdió su función religiosa y mágica. Donde el poeta perdió absolutamente toda función práctica en este mundo. Y sin embargo resiste.Y no resiste como un lujo burgués para unos pocos, se inserta en los discursos sociales, transita los márgenes de nuestra cultura en una situación de resistente precariedad.
Una precariedad que todos tienen, una precariedad que podemos hacer extensiva a todos los órdenes sociales, pero en ninguna se hace tan visible, tan evidente, como en los actores culturales, y dentro de los actores culturales, el poeta, es quizás el que mejor ilustra esta paradoja social de ser donde más espectacularmente esta precariedad del mundo , se exhibe.

Claudia Sastre

NOTAS
1. Giles Deleuze y Félix Guattari, Mil Mesetas: Capitalismo y esquizofrenia, Pretextos,Valencia 1997, página 327.
2.Entrevista a Pavel Oyarzún”La poesía más austral del Mundo”en http://www.lavquen.tripod.com/entrevistaapaveloyarzun.htm
3.Para un análisis más exhaustivo al respecto me remito a un trabajo académico que efectuaran las profesoras Medrano y Campelo, de la Universidad Nacional de la Patagonia San Juan Bosco- Sede Comodoro Rivadavia, titulado: “Poesía Patagónica en la Revista Argentina Austral”, presentado en las 1°Jornadas de Literatura Argentina en la Patagonia, realizadas en la Universidad Nacional del Comahue, Neuquén 2004.
4.Veneno para hormigas, Debrik Ankudovich, El Rey Tuerto, Buenos Aires, 1999.
5.Jirones, Andrés Cursaro, Ediciones Último Reino, Buenos Aires, 1999
6.Las bonitas páginas, Nelly Gonzalez Edición de autor, Puerto Madryn, 2007
7.Macky Corbalán Inferno, Libros de Tierra Firme, Buenos Aires, 1999
8.Verónica Merli, Noche polar, Fondo Editorial Rionegrino, Viedma, 2005.
9.Laureano Huayquilaf, Ciudad Cigarro, Edición de autor, Trelew, 2006.
10.Tetralogía: antología literaria barrial. Arancibia, Rivero, Robles, Rojas. Biblioteca Popular Agustín Álvarez, Trelew, 2005.
11.Julio José Leite Aceite Humano Ediciones Parque Chas, Buenos Aires, 1997
12.Cristian Aliaga Música desconocida para viajes, Ediciones DElDragón, Buenos Aires, 2002
13.La noche del hastío, editorial Limón, Neuquén, 2003. Prólogo de Gerardo Burton: “Esta ciudad, este siglo”

5 comentarios:

Sergio Sarachu dijo...

Muy buen laburo Claudia!! (es para imprimirlo y tenerlo de cabecera para conocer y hablar sobre estos temas) Felicitaciones!!
Sergio

El Guanaco Volador dijo...

Hola Claudia, muchas gracias por la visita y el comentario.

Además de desearte un buen año quiero felicitarte por esta buenísima entrada.

Saludos y un abrazo

macadamia dijo...

gracias sergio, gracias guanaco, muy estimulantes vuestros comentarios, como siempre, gracias de nuevo

n. dijo...

Un trabajo solido, erudito, de rigurosa investigacion literaria, con profundas perspectivas historicas, que lo convierten en aporte y referente ineludible dentro de la discusion y el dialogo respecto a los contornos de la literatura en fuego-patagonia.


n.

Zylbiah Gatera dijo...

Excelente trabajo. Es una referencia sólida para futuras investigaciones

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Este espacio es un homenaje a un Grupo Literario que existiò el la Patagonia y del que tuve el honor de ser una de las fundadoras. Este grupo, ademàs de su labor poètica y una gran militancia en el campo de las letras y la cultura, iniciò una crìtica literaria en la zona.
Me gustarìa compartir con los lectores trabajos de crìtica literaria, textos inèditos, etc... en fin... lo iremos haciendo entre todos. Se aceptan sugerencias
La foto que encabeza la pàgina es del lugar donde vivo: Puerto San Juliàn, en el Vìa Lucis -sobre el Monte Cristo-Patagonia.

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poeta, narradora, crìtica literaria,madre de tres hijos, casada, ama de casa.