martes, 17 de agosto de 2010

La palabra que sana:Los suicidios adolescentes en la Provincia de Santa Cruz, ¿los talleres literarios y de expresión puede ser una opción terapeútica

La Palabra que sana

Los suicidios adolescentes en la Provincia de Santa Cruz, ¿los talleres literarios y de expresión puede ser una opción terapeútica?1



Esperando que un mundo sea desterrado por el lenguaje,
alguien canta el lugar en que se forma el silencio.
Luego comprobará que no porque se muestre furioso existe el mar,
ni tampoco el mundo.
Por eso cada palabra dice lo que dice y además más y otra cosa.

Alejandra Pizarnik


Comienzo con este poema de Alejandra , que fue el disparador de una serie de reflexiones que acometí acerca de la función terapeútica del lenguaje y de la expresión artística en general; y si es que puede pensarse en una función terapeútica. El motivador ha sido la situación que provoca esta ola de suicidios de jóvenes y adolescentes que se presenta hace más de una década en la Provincia, y que está mostrando su rostro más cruel en la ciudad capital de la provincia de Santa Cruz, pero que se extiende sobre todas las localidades santacruceñas. Se propone como un punto de partida para un profundo replanteo de prioridades, desde las políticas sociales y culturales, para reformular y/o poner en cuestión el sentido de la vida.

Los silencios y la construcción del sentido de la vida

Dice Unamuno que el sentido de la vida debe plantearse como algo “cambiante y plural con un paralelo estado de conciencia plural y cambiante también, cuya forma de expresión es la literatura en toda su amplitud”.Tenemos por un lado, la adquisición del “sentido de la vida” y por otra, el cuestionamiento ante un mundo que se nos presenta hostil, al que hay que cuestionar, intentar modificar, o plantearle una alternativa crítica: “un mundo desterrado por el lenguaje” según dice Alejandra Pizarnik.
El sentido de la vida sería desmontable desde la poesía al menos, levantando uno a uno los velos de la realidad, tal y como se nos aparece, para ver un poco más y más...no existe el mar, ni tampoco el mundo.
Estos tiempos nos llevan a cuestionarnos no sólo el uso del lenguaje poético, sino también en los usos del lenguaje para comunicar, desde el punto de vista práctico, o performativo de emitir una orden, lograr que otro haga o deje de hacer algo; y como medio, para la manifestación profunda de lo que somos, de lo queremos ser.
En la Provincia de Santa Cruz, el índice de suicidios adolescentes es el más alto del país; mucho se ha dicho, se ha escrito al respecto sin que nadie pueda atisbar siquiera una solución, o un paliativo ante el hecho de que nuestros jóvenes se matan. Por ejemplo, podemos mencionar el Proyecto del Centro de atención al suicida, sancionado Ley Provincial que hace un año, y pese a la urgencia está detenida en comisiones2.
Los docentes que trabajamos con los adolescentes sabemos que hay una profunda incomunicación en los jóvenes santacruceños (intuyo que en todos lados, pero aquí se dan una serie de factores que, sumados, acentúan el síntoma), cercados por un sistema donde está prácticamente prohibido soñar, o imaginar un futuro que no sea acceder a un empleo público, cercados también por un discurso esquizofrénico, extendido entre los padres (atiborrados de trabajo y consumo) docentes (atiborrados de trabajo y consumo) y sistema político (sin palabras...), el espacio que estimule el ocio placentero y creativo no existe, o si existe, no se promociona, no se fomenta en lineas generales por lo menos, siempre hay excepciones loables, de docentes comprometidos con su trabajo.
Heidegger decía que el lenguaje es la casa del hombre, por lo tanto, la imposibilidad del lenguaje (no por factores físicos, sino por el hecho de que el lenguaje no diga) quita al ser su posibilidad de ser. Esto lo sabemos a través de la censura, impuesta o autoimpuesta por las dictaduras. Ante la imposibilidad de comunicarse y comunicar, ese sentido de la vida, que es plural (social) intersubjetivo y cambiante, se estanca y muere.
Yo sé que muchos van a cuestionar este trabajo pensando que es simplemente voluntarioso, que no es posible plantear una función terapeútica del lenguaje fuera de la terapia tradicional, que pretender eso es pretender que los olmos den peras, pero no seríamos artistas si no pensáramos que los olmos dan peras, y no es por dotar a la literatura de una “función” social que exceda sus propios límites, porque la literatura no lo necesita, ni lo reclama.
No obstante, yo considero que la literatura no debe permanecer en la inmanencia de un torre de marfil, hoy por hoy la poesía, la literatura, naturalmente dialogan con lo social, a través de los lenguajes de la tecnología, de la música de rock, hip hop, punk y funk y la fotografía, el video clip, el video, cosas que exceden los límites formales de la literatura, por no hablar del periodismo, periodismo cultural, social y otros.
Más allá de los cuestionamientos posibles y valederos a este trabajo hay una serie de datos (hasta ahora sin solución) que me interesaría compartir con ustedes y,que ante cualquier duda pueden verificar:
Según datos oficiales del Ministerio de Salud de la Nación Santa Cruz es el distrito con mayor tasa de suicidios en el país.
Con un registro de casi 15 suicidios anuales (14,77) cada 100.000 habitantes, la provincia supera largamente la media nacional, situada en 8,21. 
Los datos corresponden a todo el año 2004 y fueron elaborados en un informe de la Asociación Argentina para la Prevención del Suicidio (AAPS), una organización que trabaja en la formación de operadores como psicólogos, psiquiatras y trabajadores sociales. Santa Cruz es seguida de cerca por la vecina Chubut con el 14,08 por cada 100 mil. Más atrás se ubican Neuquén (12,68) y La Pampa (11,33). La tasa promedia la totalidad de la población, independientemente de edad.
Para los investigadores no es casualidad que los niveles más altos de suicidios se den en Patagonia. El doctor José Lumerman, del Instituto Austral del Sud – Neuquén-, ha señalado que en las provincias patagónicas -cuyo caudal de habitantes es escaso y se ha ido formando por migraciones de pobladores de otros distritos del centro y norte del país-, quienes llegan en busca de mejores horizontes laborales deben sobrellevar a menudo las duras pruebas que provocan la soledad y la distancia que los separa de sus familias de origen, situación que se agrava en el tiempo invernal.
Los indicadores más preocupantes, en Santa Cruz, están en la adolescencia y la juventud, en donde la tasa casi triplica a la media nacional. Tomando la banda de los 15 a los 19 años, se observa que hay 30 suicidios anuales por 100 mil habitantes, contra los 11,21 que hay a nivel nacional. Segunda está Tierra del Fuego, con 27,70.
En la franja etaria siguiente (20 a 24 años), Santa Cruz mantiene el indeseable liderazgo con casi el 43 por 100 mil (42,88), más del triple que la tasa promedio de la Argentina (13,57). Está segunda Chubut (39,47), afirmando la tendencia elevada en Patagonia. 
Los otros segmentos en donde Santa Cruz se encuentra primera en tasa de suicidios son 55 a 59 años con el 40,76 por 100 mil, cuadruplicando la tasa nacional (10,92); 65 a 69 años con 42,73 por 100 mil; y 75 a 79 años con la sorprendente tasa de 97,56 cada 100 mil: más seis veces el promedio de Nación (15,11).
A los helados números los podemos resumir así:
Tasas por provincias (Patagónicas):
Chubut 14,08
Neuquén 12,68
Río Negro 8,05
Santa Cruz 14,77
Tierra del Fuego 10,74
Fuentes: FM Dimensión de El Calafate
Asociación Argentina de Prevención del Suicidio (AAPS)

Eros y thánatos

Entre la corbata y el ahorcado
pasa desnuda la vida
quitándole al miedo
su última carta.
Jorge Curinao

No es casual el método que eligen para morir; las estadísticas indican que el modo más elegido es el ahorcamiento. Un lazo, una soga a la altura de la garganta, impidiendo salida de sonido alguno; hay una deliberación de tabuarse a la altura de los órganos de la emisión de la voz: a-dicción.
El joven suicida, el ahorcado, al igual que un adicto, encarna un vacío, un vaciamiento del ser o del sentido del ser. Vaciamiento del ser, vacío de ilusiones, de proyectos y de palabras, para que la droga tome el sitio de aquello que no se puede expresar, o que la muerte diga lo que no se puede decir, o que lo simbolice.
El a-dicto es un poco un afásico, que gesticula al borde de la muerte, se atraganta con aquello que suprime.
Así como recientemente en Salta un grupo de jóvenes se suicidan con un “supuesto juego” llamado “los seis nudos”, la asfixia, genera un tipo de excitación que puede llegar a ser adictiva y placentera. La idea de la muerte asociada al placer sexual no es algo nuevo; aquello que los franceses llaman “petit morte”, el orgasmo, junto con la represión, pueden estallar en un deseo de muerte, una lucha entre eros y thanatos irreconciliable, que no se puede expresar.
Aquí surge el otro peligro oculto, ante la necesidad de manifestar placer y obtener un sentido de la vida, este es obtenido en sus límites, en su extremo más extremo. Recordemos la nota/poema que la niña salteña muerta, Macarena González escribe antes de morir: “Todo fue tan corto / todo fue / todo”, donde la niña va suprimiendo elementos de la frase original, hasta llegar al silencio más absoluto: el silencio de su propia muerte...una muerte casi guionada, desde una creatividad espeluznante, que mejor destino hubiera tenido si esa creatividad que se usó para poner en escena el dolor no expresado de esa niña se hubiera encausado hacia algún otro tipo de forma de expresión.
Dos libros se refieren a la ola de suicidios que enciende la alerta sobre el tema en Santa Cruz; son “Los suicidas del Fin del Mundo”de Leila Guerrero3 y “Falsa Calma” de María Sonia Cristoff4. Ambos editados en 2005, refiriendose a hechos acaecidos a fines de los noventa, en el pueblo santacruceño de Las Heras. Ambas cronistas ponen énfasis en las siguientes causas para la ola de suicidio adolescente juvenil, que comienza a fines de los noventa y que continúa hasta nuestros días:
La cantidad de población migrante, que proviene de otras provincias -lejanas en muchos casos- sin intención de afincarse definitivamente (o sea , sin establecer lazos de arraigo fuerte, sino más bien precarios e inestables).
Los largos inviernos y las pocas horas de luz natural -no es casual que al final del invierno se produce el pico de suicidios-.
Las familias en general se constituyen con dos miembros adultos que trabajan muchas horas fuera de la casa (porque el sueño es juntar plata rápido y volverse a sus provincias) lo que deja a los chicos solos gran parte del día.
El deseo del progreso económico como único objetivo de la vida, más profundizado en la zona petrolera, a lo que ahora se le suma la minería, con su realidad de urgencia, de “aquí y ahora” que se volatizarán en el aire tan pronto nuestros jóvenes lleguen a la adultez, dejandolés como una herencia amarga la contaminación y la tierra yerma.
A lo que yo le agregaría el doble discurso de una sociedad, que propende al empleo público como lo ideal para vivir sin trabajar (o sin trabajar mucho). Empleo público que será en un futuro muy cercano, profetizado por la minería a cielo abierto, la única realidad posible en lo laboral. En tales condiciones el grado normal de procastinación de la adolescencia se ve favorecido por estas realidades ineludibles.
El horizonte de sentido de estos jóvenes se acota entonces desesperadamente, y los jóvenes languidecen en los brazos del alcohol y de la droga.
Estas causas hacen que se acentúe en la zona los síntomas de aquello que Zigmunt Bauman llama “La modernidad líquida”: predominio de la racionalidad al extremo, utilitarismo, el rol determinante de la economía en los planos sociales.

Dice Camila García en un reportaje a Santa Cruz dice:

“Me viene haciendo ruido desde el año pasado el tema de los suicidios, y reflexionando lo que está pasando en mi ciudad decidí salir a pegar el grito”, dijo Camila García de 23 años, nacida y criada en Río Gallegos, quien fue la principal gestora de la manifestación que realizaron ayer por la tarde un grupo de jóvenes preocupados por los altos índices de suicidios.
“Me parece que la palabra suicidio ya te lleva al silencio”, dijo Camila buscando reflejar cierto tabú que hay alrededor de una problemática que cada vez se lleva más jóvenes de manera poco explicable. En este marco indicó que la iniciativa no tuvo que ver con algún conocido suyo que haya tomado la drástica determinación, sino con una cuestión de autorreflexión y conciencia social.
Camila García explicó que “simplemente me hizo ruido, porque soy parte de la comunidad, y me parece que el error de los ciudadanos está en que si no te pasa de cerca con algún conocido o amigo no hacemos nada y nos quedamos en la casa sin hacer nada”.
No obstante no dejó de demostrar su desconocimiento y desconcierto acerca de las características y causas del problema; “yo sé que es un tema muy complejo y difícil, no sé la manera, pero sé por ejemplo que los gimnasios en Río Gallegos hace 20 años que son los mismos, no hay espacios”.
Asimismo agregó que “si los chicos quieren salir a patear un rato la pelota no hay lugar, les están dando turnos a las 4 de la mañana para poder jugar”. Camila reconoció que “acepto que los jóvenes de hoy no son los mismos de hace veinte años, pero alguien se tiene que parar a preguntarle a los jóvenes qué es lo que les interesa,  lo que quieren, si los jóvenes cambiaron hay que preguntar”.
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La Palabra suicidio: el ruido, el grito

“Me parece que la palabra suicidio ya te lleva al silencio” manifiesta esta joven estudiante de Trabajo social, con una intuición increíble y una gran empatía con el sentimiento de los jóvenes, por eso ella, para preservar su salud “sale a pegar el grito”. “Algo me hizo ruido” manifiesta en la misma nota. No es casual que la joven se refiera insistentemente a la necesidad de expresión, haciendo un diagnóstico tan preciso como exasperante. Todo gira alrededor de la incomunicación, y por supuesto, la respuesta a la problemática está allí: ante lo cual es mucho más fácil, y cómodo, para aquellos que tienen (tenemos) responsabilidad social, “hacer oídos sordos”, pero, ¿hasta cuándo? Será quizás por eso que algunos jóvenes salen a la calle, a pegar el grito, a curarse en salud, indicando cuál es el camino a seguir, sería una necedad incomprensible no escucharlos.
Por eso me interesa, como docente formal e informal, poner el énfasis en la función terapéutica, tomando la etimología de la palabra que rescata Foucault, la del terapeuta como el sirviente que ayuda en la recuperación del enfermo. Debemos servir al cuerpo enfermo que es necesario, incluso ecológicamente sanar; asumir nuestro lugar, provisional, incierto, inestable, de sirvientes...poner nuestra palabra al servicio. Nadie mejor que los poetas para saber cuán dificil es tratar con la materia del lenguaje. Nadie como los poetas para poder desmontar los mecanismos de violencia de la lengua, una violencia que se propone, precisamente, incomunicar, bloquear la imaginación y la creatividad. Dejando aparte, sesgada, la erótica del lenguaje, inclinando la balanza para su contracara tanáthica. En la etapa final del capitalismo, la supresión de lo humano atravesará los cuerpos, los frágiles cuerpos de los jóvenes, para dejarnos sin futuro.
La idea de recuperar el placer por la palabra es tan simple que puede ser tildada de ingenua, no obstante, su escasa sofisticación demuestra que ante el silencio, la palabra porque si, y para decir a los otros vuelve a tomar una significación particular. Reflexionabamos con mis estudiantes acerca de la frase “te doy mi palabra” y la pérdida de sentido en la actualidad de dicha frase. No tan lejos en el tiempo, los jóvenes registran, destacan y resaltan que sus abuelos, y eventualmente sus padres han pronunciado dicha frase; poniendo en cuestión qué es lo que ella dice. En un plano más abstracto, podemos hablar de la eficacia simbólica que dicha frase adquiría en otro tiempo.
Esto puede y debe leerse como una pérdida social y estatal, porque el Estado ha abandonado el lugar del garante del pacto entre la vida y los sujetos. La palabra, institucionalmente se encuentra depreciada, porque no puede postularse como articulador simbólico de un conjunto de situaciones.
Hoy por hoy, a través de convocatorias por la redes sociales los jóvenes santacruceños se están reuniendo para exigir a sus políticos “prevención y promoción de actividades saludables”, creo que más claro es imposible expresarlo. El hecho de que lo hagan utilizando las herramientas de las redes sociales como facebook o twitter, o el celular, interpela a los adultos y sus tecnologías, desde el lugar más contradictorio del capitalismo, y la resistencia a sus efectos. La prevención y promoción de actividades saludables fortalecería, entre otras cosas, los lazos interpersonales y la capacidad de resiliencia cognitiva, emocional e intelectual de los jóvenes, que contarían con mayores elementos para neutralizar los efectos del distress.
El crear condiciones tales para que la innata capacidad de resiliencia surga es crear capacidades para afrontar adversidades de la vida.6 Es un reclamo que los jóvenes están haciendo, demostrando que no siempre el camino más complejo y sofisticado es el más adecuado. Que a veces la lógica cae por su propio peso.

La palabra de la tribu

Estamos en un tiempo donde la palabra ha debido replegarse para conservar su valor, en la literatura en general, y en la poesía en particular; vuelve a nosotros la expresión de Mallarmé, de los poetas como los “purificadores” de las palabras de la tribu. Y hay dos palabras acá que deben ser purificadas: la palabra muerte y la palabra suicidio; purificadas para restituirles su sentido. No echaremos fuera de la sociedad ambas palabras, pero si se trata de volver a ponerlas en su sitio. De colocarlas en el lugar de la historia que les corresponde.
Los seres humanos convivimos con la muerte, como la expresión de una culminación de una etapa vital, y excepcionalmente, bajo la figura del accidente, que la troncha antes de tiempo; pero lo antinatural es que los padres sepultemos a nuestros hijos, eso es lo im-pensable, aquello que no tiene nombre, que no se puede pronunciar, que es “indecible”. Lo es, justamente, porque se opone a lo vital de la sociedad en general. Cuando pensamos que no se efectivizan políticas de salud y sociales respecto de la propia supervivencia de nuestra sociedad, todo deja de tener sentido: aquella dicotomía entre los valores de aspiración y los valores de altura. Sin vida no es posible pensar en valores más elevados. Esa sensación de nihilismo que atraviesa a los jóvenes, ya no como un síntoma de rebeldía perfectamente natural, sino como una verdadera falta de sentido de la vida, que debe ser recuperado y puesto en cuestión para ser adaptado a los tiempos que nos interpelan.
Desde las políticas sociales y culturales se impone entonces un diagnóstico de situación, para conocer la capacidad de resiliencia que tienen nuestros jóvenes, para potenciarla en caso de que sea necesario, a través de la instrumentación de prácticas que fomenten la comunicación interpersonal, la expresión artística, el fomento de lo deportivo, orientado hacia la adolescencia y juventud, sin esperar que los jóvenes sean quienes vayan a buscarlo, sino lo contrario: ir con los programas hacia ellos. Y sobre todas las cosas, articular esas políticas e instituciones, que al estar disgregadas se vuelven disfuncionales, pierden su sentido.
Para finalizar, quiero compartir con ustedes el fragmento final del libro de Ivonne Bourdelois La Palabra amenazada, que ilustra excepcionalmente lo que quiero señalar:

“El lenguaje es un fermento indestructible de uni­dad y comunidad entre nosotros -acaso uno de los últi­mos que nos quedan. Es el primer basamento, el estra­to profundo en que se encuentra y se alimenta una comunidad: no contaminemos el agua de la que bebe nuestra vida, no la dejemos a merced de los mercaderes de excrementos. En épocas de desconcierto, anarquía política y social, en momentos de bronca y violencia permanente, en los que la agresividad y perversión con que nos bombardean los medios no parece tener límite, es bueno recordarlo. Puede parecer una utopía inocen­te, una ingenuidad elitista profesar la salvación por la palabra. Mucho más, por cierto, es necesario. En ver­dad, el lenguaje no nos es suficiente, pero nos es nece­sario; la palabra sola no puede salvarnos, pero no nos podemos salvar sin la palabra. La derrota de la palabra implica una ceguera letal, un leso crimen de humani­dad, un craso fracaso que necesitamos conjurar por todos los medios a nuestro alcance para no descender al infierno que nos proponen nuestros enemigos. Y en el combate con las tinieblas, el hecho de que la luz, la in­teligencia, la alegría y el pan de la palabra estén con nosotros, que la veneración por el misterio y la vida de la palabra esté con nosotros, no será ciertamente una de nuestras menores ventajas.”7

Por la supervivencia de nuestros jóvenes, que es nuestra propia supervivencia, ruego y pido políticas culturales y sociales coherentes, que nos rescaten de este abismo.
Porque creo que no hay nada más urgente que esto.

Claudia Elisabet Sastre- Puerto San Julián- 29 de Julio de 2010

Notas:

1-Claudia Elisabet Sastre- Coordinadora de los Talleres Municipales de Expresión escrita de Puerto San Julián, coordinadora del Corredor Literario Patagónico Coordinación Santa Cruz- Docente del área de Educación en los valores Instituto María Auxiliadora Puerto San Julián


2-http://www.elperiodicoaustral.com/index.php?option=com_content&task=view&id=34725&Itemid=6


3-Los suicidas del Fin del Mundo- Leila Guerreto-Tusquets Editores- Buenos Aires, 2005

4-Falsa Calma, María Sonia Cristoff, Seix Barral-Crónicas- Buenos Aires, 2005

5-http://www.santacruzdice.com.ar/index.php?option=com_content&view=article&id=12203:conciencia-social-jovenes-buscan-instalar-el-debate-sobre-suicidios&catid=47:general&Itemid=66

6-Habría que aplicar una herramienta universal que midiera los niveles de resiliencia y anomia simultáneamente como lo hace el Test IAR (Test sobre los inventarios de anomia asiliente y resiliencia), ya desarrollado y validado en el Instituto Internacional de Investigación para el Desarrollo, A.C. o IIID (Flores, 2007). Es relevante medir estos niveles en muestras de grupos sociales por país y comparar las tendencias de la pobreza, la anomia asiliente y la resiliencia. Buscar explicación de porqué hay mayor Anomia asiliente en los países menos desarrollados.



BIBLIOGRAFÍA UTILIZADA:


BAUMAN, Zygmunt La Modernidad líquida, Prólogo “Entre lo leve y lo líquido” Fondo de Cultura Económico, s/d

BOURDELOIS, Ivonne La palabra amenazada, Libros del Zorzal, 2003, Buenos Aires, Argentina

COREA, Cristina, LEWKOWICZ, Ignacio Pedagogía del aburrido. Escuelas destituidad, familias perplejas, Paidós Educador, 2004, Buenos Aires, Argentina

CRISTOFF, María Sonia Falsa Calma, Seix Barral- Crónicas, 2005, Buenos Aires, Argentina


GUERRERO, Leila Los suicidas del Fin del mundo, Tusquet Editores, 2005, Buenos Aires, Argentina

LEVI STRAUSS, Claude Antropología estructural, Capítulo X “La eficacia simbólica, Paidós, 1949, Barcelona, España


MOFFATT, Alfredo Terapia de crisis, http://psikolibro.blogspot.com


QUINTERO VELÁZQUEZ, Ángela María Resiliencia: contexto no clínico para trabajo social, Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales, Niñez y Juventud., Año/vol 3, número 001; Universidad de Manizales, Manizales, Colombia

3 comentarios:

Zylbiah Gatera dijo...

La expresión siempre es terapéutica y, si se une a la creación y al arte, más aún. Jung habla bastante sobre esto.

CarSur dijo...

Muy buena nota, creo que si la vida no es "terapéutica" tenemos que tratar que el fervor acompañe nuestros actos y ayude a quienes "la lumbre" los abandona y pierden toda esperanza. Entonces, lo que hagamos será arte, y sí, será terapéutico, como el geólogo de "Un lugar en el mundo", como la maestra que nos hizo escuchar por primera vez a Manuel de Falla en una humilde escuela de Villa Elvira, etc., etc. Gracias.

Anónimo dijo...

creo, que es necesario que alguien, en este caso vos, alce la voz y enuncie lo que se quiere tapar, esconder. te felicito por tener esa garra, que te hace ser vos misma

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Este espacio es un homenaje a un Grupo Literario que existiò el la Patagonia y del que tuve el honor de ser una de las fundadoras. Este grupo, ademàs de su labor poètica y una gran militancia en el campo de las letras y la cultura, iniciò una crìtica literaria en la zona.
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